Oscuridades para aclarar, pt. 2 (Cuento corto)

Tocaba ir a Suiza y ya que me regresara a casa para comenzar a hacerme consciente de lo que estaba haciendo, me entraron unas terribles náuseas. Me senté frente al computador y comencé a teclear, esa noche, y plasmé parte de lo que había pasado, para contármelo a mi mismo y ver si la cosa era que no estaba soñando y que en verdad haría un viaje en busca de una periodista perdida.

Tocaba además, la difícil tarea de llamar a mi jefe de la radio para contarle sin muchos detalles acerca de la operación en la que ahora estaba involucrado, con los malos presentimientos que ello conllevaba; es decir, porque cualquier persona sensata que vaya a decirle a su jefe que se va a Suiza porque CNN se lo ha pedido, se espera una mala reacción de este, ¿No? Y además que continuaba el temblor en mi pierna izquierda, la exasperación, porque me pediría explicaciones que no podría darle.

Nunca he tenido mucho protagonismo, en mi vida. Para la mayoría de las cosas, me siento como un espectador modesto, cuya voz no tiene tanta fuerza como la de otros comunicadores, que se erigieron a sí mismos durante su paso por la academía para transmitir a los demás, y a su estilo, uno que quizá habrán aprovechado de pulir efectivamente; ideas, información nueva, cosas para replicar, nuevas perspectivas. Antes de ponerme a escoger la ropa que me iba a llevar, sin estar muy seguro de la cantidad de semanas que estaría lejos de casa, me puse a pensar, precisamente, si yo tendría el poder para realizar cosas que fueran trascendentales, así como pasa con algunos colegas.

"Soy sólo Felix Abraham, nada menos, nada más", me dije.

Eso bastó. Al menos durante una parte del trayecto. Una vez pasado cierto punto, tuve que convertirme en algo más.

Me dí cuenta de lo profundos que pueden ser los procesos transformativos que atraviesan las personas, cuando se encuentran en ciertas circunstancias. Para Jeanine, la investigación en Suiza tuvo un costo. Que era de lo que hablaba al principio, ¿No? Que pensaba que esta profesión podría ejercerse sin tanto problema, sin tener que pagar un costo alto.

Pero cuando debes verle la cara al mal, de frente; cuando debes pararte ahí, frente al vacío, al oscuro, y sacar de ello algo para entregárselo al resto del mundo... Creo que en esos momentos, siempre pierdes una parte de ti pero ganas una nueva. Te conoces a ti mismo, otra vez.

Era tarde, cuando entró la llamada de Laurence. Sonaba preocupado y fue muy honesto, en ese momento.

—¿Qué tal, chico? ¿Cómo te sientes?

—Hey, Laurence. Estaba pensando en lo que llevaría de ropa para el viaje y me distraje luego preparándome la cena. Dime, ¿Qué sucede?

—Chico, quiero que sepas que nos estás haciendo un gran favor—dijo Laurence; se detuvo para tomar aire y fuerza, de modo que pudiera continuar—En el canal, vamos a deberte en grande. Así que, cuando regreses, puedes pedirnos lo que quieras.

—No digas eso, jaja, pareciera que te preocupara que no fuese a volver.

—Hm... Es necesario que consideres todas las posibilidades, chico.

—Entiendo. Es cierto, hasta ahora no había pensado en eso—Hubo una pausa incómoda luego mi enunciado, hasta que pude volver a hablar—Vamos Laurence, no hay nada de qué preocuparse. Más bien, no creo que haya pasado nada grave. Ya verás que en poco tiempo me reportaré contigo para decirte que todo está bien.

—Bueno, te toca descansar. Prepara esa maleta y nos vemos por la mañana.

—Está bien, ten una buena noche, Laurence.

Recuerdo haberme quedado durante un buen rato viendo el teléfono, mientras reflexionaba sobre la preocupación de Laurence. ¿Será que sabía algo más, que no me lo estaba comentando? A fin de cuentas, en ningún momento le mostré lo que está en la grabadora. Habría sido inocente de mi parte pensar que él no sabía acerca de la hermana misteriosa de Jeanine.

Con mi doble salario, y mi situación sentimental de sequía total, he sido capaz de costearme un apartamento en Brownsville, que es un vecindario bastante lejano a Manhattan, lo cual hace que los viajes al trabajo y de vuelta se tomen una buena parte del día. Y las cuatro paredes que me acogen me ven recostarme en mi cama a pensar en la nada, todas las noches, como con lástima, porque saben que ese lugar le corresponde a otra persona.

Esas son las cosas en las que pienso antes de dormir.

Esa noche, pensaba en esas cosas mientras hacía los últimos arreglos.

No sabía lo que me esperaba, por eso no podía anticiparme, crear un plan o una estrategia para abordar la circunstancia próxima.

Mi sueño estuvo plagado de imágenes del pasado. En ellas veía a Jeanine durante uno de los recesos de periodo, en la universidad, conversando con algunos compañeros acerca de próximas acciones a tomar para el mejoramiento de las áreas verdes del campus. U otras, en que aparecía dando un discurso en el comedor, hablando sobre la importancia de la integridad y la ética, al momento de realizar un reportaje.

Esos recuerdos, son como semillas que están implantadas en mi subconsciente; de ellas brotan susurros ininteligibles, los cuales sólo puedo escuchar esas veces que me doy un tiempo para meditar y comprender verdaderamente lo que está pasando dentro de mi cabeza.

Mucho que me hizo falta eso, durante mi adolescencia, y mis años universitarios. Mucho que me haría falta, en Suiza.

Jeanine... Me habría gustado decirte todo lo que siento por ti, en la universidad; considero que habría sido oportuno, en aquel momento. No sé si fui demasiado tímido o si me guardé estos sentimientos tanto que llegaron al punto de dejar de importarme lo suficiente. La situación me exige sentirte intensamente otra vez, pues de allí sería de donde obtendría el valor para convencerme de partir en este viaje.

Me compuse en la cama para ver la hora en mi teléfono y marcaba veintidos minutos pasadas las cuatro de la mañana, y además, que tenía un mensaje de Laurence en el que decía que debía estar listo un poco antes de las 5:30, ya que enviaría un auto por mi, que me llevaría al John F. Kennedy International Airport, para que así pudiera abordar el vuelo más temprano a Zurich, el destino aereo principal para llegar al lejano país.

Lo primero que avisa que has llegado a un país diferente del cual resides es el cambio de clima y que de pronto cuesta más respirar, sobre todo si pasas 10 horas en el aire, moviéndote de un lugar a otro. Laurence fue muy claro: Tendría solamente un par de horas para componerme, comer algo y tomar el tren IC1 de la estación principal. Es una ruta larga, y en el camino podré echarle un vistazo a uno de los parques nacionales más grades de Suiza: El Regionaler Naturpark Thal.

Una parte de mi estaba verdaderamente convencida de que no tenía nada qué hacer abordando semejante responsabilidad, que esto era el problema de otras personas, que sin importar si mis acciones derivarían en que Jeanine y yo salvaramos al mundo, lo preferible sería que me quedara en casa a mirar videos en la computadora o a jugar video juegos, sin dejar de lado, claro, mi aburrido trabajo. Que era más fácil, mejor, seguir en mi bucle, y que mi vida continuara de ese modo hasta que por fin acabase.

Otra parte de mi quería desmentir a la primera; quería hacerme creer en mi, quería que me tomara de la mano con el poco coraje que me cabe en el cuerpo y que fuese a hacer algo que jamás habría imaginado que haría. Que vale mucho más la pena esto que hacer caso omiso. Que por primera vez, podía decir que habían personas que contaban conmigo. Eso me llenó de ilusión, aunque sabía que de igual modo, tendría que llevar esto a término si quería tener en verdad a mi disposición a esas personas.

En Bern, la capital, se imponen los edificios de gobierno y aquellas otras cosas que tienen que ver con institucionalidad y diplomacia, en Suiza. En Bern están las sedes de los entes bancarios de mayor prestigio del mundo, además. Hay mucho qué ver, en caso de que viniese uno a turistear, por aquí.

Al bajar del tren, justo ahí, a pocos metros de la puerta, me esperaban algunos miembros del equipo suizo de CNN, que tenían instrucciones de informarme sobre el estatus actual del caso de Jeanine y lo que ella estaba investigando. Nos movimos a un hotel en donde se estaban quedando, durante las horas en que no estaban en los cuarteles del canal, de ese país. Todo estaba muy bien planificado: Los corresponsales estaban ubicados de forma estratégica, de modo que tuvieran todo muy cerca.

Eran un hombre y una mujer, ambos adultos mayores, les calculaba 35 y 36 años, respectivamente. Lucían cansados.

—Bueno, ya llegamos—dijo el hombre, abriendo la puerta de la habitación 1346—Deja tus cosas en alguno de los muebles, tu cama está al fondo, y las nuestras del lado contrario.

—Gracias. ¿Dónde está el baño?

—Aquí, mira a la derecha, ahí está la puerta.

Me tomé un momento para lavarme la cara y sentir como mis mejillas estaban endurecidas por el frío. Era una de las pocas veces en que me exponía a un clima tan diferente al que acostumbro en New York.

—Primero lo primero, mucho gusto, Felix.

—Oh, cierto, perdona mis malos modales, Felix; somos Joe y Alba, corresponsales para CNN en Suiza. Laurence dijo que también eres periodista pero que trabajas en la radio.

—Es un placer, Felix, te vamos a poner al día tan rápido como podamos, ¿Okay?—dijo Alba, con un tono de voz muy dulce.

—Laurence dijo que desde hace cuatro meses que no se sabe nada de Jeanine, ¿Por dónde empezamos?—pregunté, sin poder contener las ansias de saber si Joe y Alba tendrían un plan.

—Bien, hemos tenido que quedarnos con nuestros hallazgos y tomárnoslo con mucha calma porque no queremos que se filtre nada que pueda perjudicar la imagen del canal—contestó Joe, preocupado; se rascaba la cabeza por la parte de atrás mientras buscaba las palabras para poner las cosas en contexto.

—Imagino que Laurence te explicó sobre el escándalo del hacker y la red de trata de personas, ¿No?—preguntó Alba, sobria—¿Tienes alguna duda sobre el tema?

—No lo sé; hay algo que me ha tenido muy intrigado y que no alcancé a decirle a Laurence...

—Ya sabes sobre la hermana de Jeanine, ¿No?—dijo Joe, mirándome con suspicacia—Tu cabeza ha de haber estado dando vueltas durante mucho rato, imagino tu confusión.

—¿De qué se trata todo esto?

—Durante nuestras investigaciones en el equipo conjunto que dirige Jeanine, encontramos a través de referencia biométrica cruzada los datos personales de algunas de las mujeres que fueron capturadas por la organización que maneja la red de trata—enunció Alba, con una notable repulsión en su garganta—Entre ellas, se encontraba esta chica cuyo apellido es exactamente el mismo que el de Jeanine.

—Eso hizo que todo cambiara para ella—murmuró Joe, con la mano derecha reposada sobre su boca, en un gesto pensativo—No enloqueció, pero comenzó a investigar registros de nacimiento en varias partes de Estados Unidos hasta que dio con el hospital en que nació su misteriosa hermana.

—Parece que su padre tuvo una hija fuera del matrimonio con la madre de Jeanine—complementó Alba, como con tristeza—Pero eso no tuvo importancia. Para Jeanine, ahora la investigación se había tornado en un asunto personal.

—¿Entonces dónde está ella ahora?—pregunté preocupado, aunque podía imaginar la respuesta que me darían.

—Jeanine estuvo durante algunos días encerrada en su habitación de hotel. Nadie que se acercara obtenía alguna respuesta de su parte—contestó Joe, mientras miraba por la ventana de la habitación donde estábamos al panorama de edificios que nos rodeaba, como buscando a Jeanine, allí afuera—Y luego de varios días, vimos que la puerta estaba abierta pero que ella no estaba dentro.

—Las cámaras de seguridad del hotel ubicaron que ella salió durante una de las mañanas concurridas. Imagino que habrá intuido que así sería más fácil que no la detectaramos—concluyó Alba, cuya mirada, sentía que se compadecía de mi.

—No sabemos exactamente dónde está pero dedujimos que Jeanine está allí afuera, tal vez encerrada junto con su hermana, en el corazón de la operación de la organización criminal—dijo Joe, cuya expresión cambió para mostrarse muy molesto—Maldita sea, han pasado cuatro meses... Esto es una mierda; podríamos considerar que está muerta, ya...

—No digas eso. Debe haber un modo de dar con ella, sólo hay que seguir sus pasos, continuar indagando a dónde fue—le dije, intentando calmarlo—Entiendo ahora por qué estoy aquí; ningún periodista de los canales importantes puede involucrarse directamente, ¿Verdad?

El silencio de Alba y Joe fue abrumador. Pero comprendí rápidamente cuál era el papel que me habían asignado.

No sé si estaba contento con haber puesto mi vida en juego de esta manera, de haber escuchado sólo un par de palabras de un extraño que dirige la producción en un canal de noticias prestigioso; sus títulos, posición y conexiones no importaban... Esas no son cosas que hacen peso, en esta circunstancia.

Además, me sentí manipulado, chantajeado, de pensar que usaron mi conexión pasada con Jeanine como una cuerda con la cual halarme y caer de lleno en el hueco que esta situación produjo.

Pero ya estaba en Suiza, ya estaba con Alba y Joe...

¿Podía dar marcha atrás? Aunque sintiera que todo podría terminar de golpe, verme envuelto en esta controversia me hacía sentir mucho más vivo que esos video juegos o esos videos de YouTube con los que me desahogo. Por mucho que no esperara un desenlace feliz, por primera vez en mucho tiempo, podía decir que estaba haciendo algo que importaba.

Y era por Jeanine. Eso hacía que todo tuviera una proporción mucho más grande. Era la oportunidad que estaba esperando...

Continuará.

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