Oscuridades para aclarar, pt. 3 (Cuento corto)

La primera tarea que nos asigné a Joe, Alba y a mi fue recolectar imágenes de cámaras de seguridad públicas que se ubicaran cerca del hotel y sus adyacencias para los últimos cuatro meses. Debíamos analizarlas e intentar hallar a Jeanine entre todas ellas, para saber qué ruta tomó el día que salió del hotel, hacia dónde fue. Eran horas y horas de grabación, y con cada día que pasaba, y que me esforzaba por encontrarla, se hacía más larga la espera por finalmente lograrlo. El frío comenzaba a tener un efecto adverso en mi estado mental y de ánimo.

La rutina que asumimos los corresponsales de CNN y yo, para algunos, parecería malsana. Comíamos a deshoras, no nos hidratábamos bien y estábamos más tiempo dentro de la habitación de hotel que ocupábamos que fuera, para tomar el sol. Enpalidecí rápidamente, aunque eso me tuvo sin cuidado. De alguna manera u otra, siento que eso habría pasado, ya que me la pasaba cubierto en ropa para el frío, de esa que es bien gruesa; el clima suizo resultó ser inclemente. Aún así, las veces que no andábamos encerrados en la habitación del hotel, estábamos bebiendo en un pub que queda a 10 minutos de caminata, en la misma calle que este.

La arquitectura en Bern es interesante porque es una mezcla entre lo gótico y lo moderno. Algunas de las calles hacen un espacio para el tranvía, y si bien muchas veces lo usamos para mirar algunos lugares y tener una mejor noción de cómo se conectan las calles, disfruté más de ir a pie. El lugar es acogedor, y las luces ténues que aparecen al anochecer, adornan la vista de un modo que jamás había experimentado, hasta ese momento.

Habían detalles que hacían que la misión se sintiera como un sueño hecho realidad. Otros, hacían que se sintiera como que me caían encima miles de bloques, lentamente, de a uno en uno; me entraba un terrible dolor en el espinazo, porque los riesgos eran gigantescos.

Estaba luchando en contra de mi ansiedad, mis pensamientos fatalistas, mis subibajas emocionales, mientras intentaba tener el valor que se requería para llevar las cosas a término.

Angular los descubrimientos que fueran a aparecer de esta crisis y originarlos desde el perfil de un periodista radial desconocido, daría una ventaja en los medios a CNN de controlar la narrativa. Me entrevistarían, preguntándome cosas acerca del método de investigación que escogí para ubicar a Jeanine y lo que apareció una vez que los equipos de seguridad desmantelaron la operación de trata de personas. Yo sólo tendría que sentarme en una silla y leer un guión, el guión que ellos prepararían para mi.

Se juegan manos sucias, en la industria del periodismo. "Contar la verdad" es un mantra que la gente se repite mientras se encuentra en la sala de edición del newsroom, pero claro que cada medio tiene su método y sus intereses particulares, por lo que en cada oportunidad en que se pudiera controlar la narrativa, entonces se hacía.

-Hey, Felix, ¿En qué estás pensando?-preguntó preocupada Alba, mientras me pasaba la siguiente cerveza. Decidimos darnos un break, era la noche de un martes; hacía días que nos dedicábamos a ver las cintas de video de las cámaras de vigilancia públicas-Te ves bastante cansado, ¿Quizá al regresar a casa te des un tiempo sabático?

-La verdad es que me siento bastante bien-repliqué, mintiendo cortesmente-Estar trabajando en esta asignación me ha hecho ganar una nueva perspectiva sobre las cosas.

-Estoy seguro de que querrás comenzar a trotar todas las mañanas en Central Park después de esto, ¿No?-sugirió Joe, tomando un sorbo de su botella-O quizá te convenga más irte a Florida a pasar un tiempo cerca de la playa, y así te bronceas un poco.

Reímos a carcajadas con el comentario de Joe. En verdad que yo me veía muy, muy pálido.

-Ahora que parezco un fantasma, creo que jamás podría verme bien bronceado.

-¿Por qué será que a los hombres les cuesta tanto confiar en si mismos, y en su apariencia?-protestó Alba, viéndome con una mueca impaciente en su rostro-Mírate, Felix, ¡No tienes nada qué envidiarles a DiCaprio o a Brad Pitt.

-Bueno, ambos tienen personajes muy habilidosos en las investigaciones, en las películas que han hecho-dije riendo despacio y entre pequeños suspiros-Ya quisiera yo ser como ellos.

Se me notaba el sentimiento de culpa que me ocupaba. Joe y Alba miraron la barra mientras intentaban comprenderme, comprender mi malestar.

-Chico, no seas tan duro contigo mismo-pidió Joe de favor, con calidez en su voz.

-Es cierto. Estos trabajos son difíciles; lo serían para Jeanine, así como para cualquier otro periodista altamente preparado-dijo Alba, intentando convencerme de que soltara la culpa, para que intentara sentirme mejor.

-Hay algo que nos estamos saltando, puedo sentirlo.

-¿Y qué puede ser?-preguntó Alba intrigada.

-No lo sé. Creo que será mejor regresar al hotel pronto e irnos a dormir.

Si bien mi sugerencia se emanaba de una honesta preocupación por el severo desgaste en que estábamos incurriendo, a fin de cuentas, no pude tomarla yo mismo. Joe y Alba cayeron como piedras, en sus camas, mientras que yo continuaba negado a conciliar el sueño sin antes ver la cara de Jeanine en alguna de las capturas de las cámaras de seguridad públicas.

Además de eso, me preocupaba dar el siguiente paso, que tiene que ver con la organización de una incursión armada en las instalaciones de la operación de trata de personas, con las fuerzas de seguridad policiales y del estado. Tendríamos que llevarles información que fuera útil, de modo que ellos pudieran planificar bien lo que harían para liberar a todas las mujeres, y si acaso hombres, que se encontraran atrapados, junto con Jeanine y su hermana.

Revisaba las grabaciones, e imaginaba la incursión, imaginaba a Jeanine sentada en un calabozo, al lado de su hermana, sucia, sin poder asearse por días; su hermana mal herida, ambas en estado de inanición, hasta drogadas con algún psicotrópico, deshidratadas...

Me cruzó por toda la espalda, el peor escalofrío que habré sentido en mi vida. Y trataba de ahogar ese temor tan grande con la música de mi biblioteca en el reproductor, y nada que ver. Jeanine, ahora más que siempre, estabas latiendo fuerte dentro de mi corazón. Me asustaba gravemente con la idea de que la policía podría encontrarte muerta, o podrían matarte por accidente, en caso de que para poder rescatarlas a ti y a tu hermana, debieran usar la fuerza. Los múltiples escenarios en que todo sale mal, me los imaginé vívidamente, como que fuera algo que me contaron con extraordinario detalle.

Curiosamente, a pesar de que habíamos consumido alcohol esa noche, fue a Joe y a Alba a los que les afectó más. De camino al hotel, estuvieron contando chistes y siendo muy risueños, mientras yo sólo continuaba buscando razones para que mi preocupación por cómo saldría todo esto se exacerbara. Y aunque ciertamente, me sentía un poco entumecido por el efecto de la cerveza, y el frío abrasador de Bern, eso ni por un segundo me detuvo lo suficiente como para no seguir insistiendo en la investigación.

Se hizo la mañana y entró una llamada en mi teléfono.

-Buenos días, sí... Sí, es Felix, ¿Quién habla?-contesté desorientado. Me acerqué a una de las ventanas y corrí la cortina. Un destello intenso entró de repente y me encogí de hombros.

-¿Qué tal? Le habla el sargento Viktor Karlsson, del Departamento de Policía de Bern, buenos días. ¿Tiene un momento?

-Hola, hm, un momento-de plano me entraron unos terribles nervios, mientras me componía para explicar al sargento sobre aquellas cosas que fuera a preguntarme-Sí, bien, entiendo que está llamando porque necesita que le facilitemos datos sobre la investigación que estamos llevando a cabo con las cintas de grabación de las cámaras de seguridad públicas...

-Sí. Hace algunos días que nos contacto un corresponsal de CNN llamado Joe, ¿Es usted parte de su equipo?-preguntó ajenado, el sargento. Se sentía un aire de formalidad en la forma en que me abordaba.

-Hm, sí, así es-de pronto comenzó a hacer más frío y mientras me estremecía, buscaba las palabras para conversar con el Sargento Karlsson-Estamos trabajando arduamente, analizando las imágenes, pero hasta ahora no hemos dado con la reportera Jeanine ni mucho menos con su última ruta transitada antes de que desapareciera.

-Sí, precisamente por eso le estoy llamando-me dijo, con un tono comprensivo en su voz-Nosotros hemos conducido nuestra propia investigación y hemos establecido la última ruta transitada, de la señorita Jeanine.

Me paralicé, tan pronto como esas palabras salieron del auricular del teléfono.

-Un momento, ¿Qué quiere decir?

-Sr. Felix, no tenemos una idea certera de lo que pudo haber pasado con la Srta. Jeanine, pero hemos podido trazar una porción de su última ruta transitada. Tenemos un plan para realizar una expedición en un área de 50 km a la redonda de la última ubicación en que aparece la Srta. Jeanine en nuestro material grabado.

-Bien, bien... -continuaba confundido, entre el frío, el resplandor que sangraba por la ventana y que me moría de sed, y no encontraba el refrigerador para tomar un vaso de agua, hasta que volví a la cama y me senté-¿Cómo podemos proceder ahora? ¿Qué es lo que podemos hacer por ustedes?

-La cobertura de medios sobre estos avances es muy importante para la comunidad de Bern. Hemos establecido contacto con el canal de noticias local para que nos faciliten sus equipos de filmación y pretendemos comenzar la expedición a las 0600 horas del día Lunes próximo. En los próximos 4 días, diseñaremos un plan y se lo haremos llegar.

El Sargento Karlsson sonaba muy decidido, y su determinación me hacía temblar. Se estaba volviendo cada vez más real, esto. Y me precipitaba encima de mis lamentos, encerrado en mi propia mente.

-¿Qué sugiere que haga cuando ya hayan enviado el plan?-le pregunté en voz baja, titubeante.

-Estúdielo. Trazaremos una ruta, tomando en cuenta al personal policial y periodístico. Usted deberá dirigir a este último. Conjunto con los miembros que tenga en su equipo en que pueda confiar.

-Muy bien, le enviaré mi dirección de e-mail en este momento-dije, sacándome el teléfono del oído en una mueca rápida, presionando rápidamente los botones en la pantalla, hasta llegar a la aplicación de mensajes-Listo, ¿Lo tiene?

-Sí. Muy bien, Sr. Félix, ha sido un gusto conversar con usted. Tómese un momento para digerir la información y espere nuestra correspondencia.

Un bip y la llamada habría terminado. Coloqué mis manos cruzadas sobre mi cara, y mis hombros sobre mis rodillas, y me dispuse a mirar el vació hasta que Alba me encontró estático, con unas ganas inmensas de desayunar.

-¿Entonces ocurrirá el Lunes? ¿Qué debemos hacer?-dijo Alba mientras tomaba de las tostadas que ponen en las mesas del restaurante del hotel, y que les ponía mantequilla y jalea de guayaba-Es decir, ¿No habría que verificar esta parte del proceso con Laurence?

-No necesariamente-contesté, mirando en dirección a la puerta del restaurante que daba hacia el área de recreación y piscina, del hotel, pensando en lo terrible que sería tomar un baño allí, bajo el clima de mierda que nos arropaba-¿Crees que podamos tomar un baño en la piscina?

-¿Qué? ¿De qué estás hablando?

-Es sólo que... O sea, me preguntaba si...-paré señalando la piscina, confundido, distraído-No, no importa. Decía que no es necesario que le avisemos a Laurence de esta próxima parte. Quién sabe si está siendo vigilado, y si sus llamadas están siendo monitoreadas.

-¿Entonces, nos la jugamos discretamente para proteger a Laurence?

-Sí. Se supone que estoy aquí porque CNN no se puede involucrar directamente, así que aprovecharé eso.

-Vaya, tienes agallas, Félix-murmuraba Alba, mientras masticaba incesamente el pan tostado.

-Estoy descubriendo que las tengo al estar aquí.

Terminamos de desayunar y al subir a la habitación, revisé en mi laptop mi bandeja de entrada y conseguí el PDF que el Sargento Karlsson había enviado desde su dirección del Departamento de Policía de Bern. Era un documento bastante denso, que incluía instrucciones textuales y además un mapa de la ciudad, en que estaba marcado el perímetro de la expedición y nuestra ruta a transitar; y un diagrama de la formación que asumiríamos, prensa detrás y policía delante.

"Quizá quieren que los hagamos ver como estrellas de cine", pensé.

Para el día de la expedición, el documento también incluía un itinerario con las horas a las que se ejecutarían las diferentes acciones. Estaba contemplado incursionar dentro de un edificio que se sospechaba era la base de la operación de trata, para lo cual, estaba adjunto el plano del mismo, que indicaba en colores las diferentes entradas, salidas y ventanas que posee. Se sospechaba que hubiera en el edificio, alguna construcción adicional no especificada adyacente al nivel Sotano.

"Es como que supiéramos que vamos al infierno, y en vez de sentir renuencia, sentimos entusiasmo". Esbocé ese y otros pensamientos irónicos, mientras leía el brief.

Los días siguientes pasaron despacio. Jueves: Tomamos mucho café y conversábamos sobre formas de abordar la historia, en un reportaje, de modo que pudiéramos contar lo más que se pudiera, sin dañar demasiado a nadie. Viernes: Bajamos de nuevo al bar que está cerca del hotel, tomamos cervezas y nos encontramos con que era noche de karaoke; habían turistas y estaban muy entusiasmados de ver a un americano cantar en inglés americano genuino algunos clásicos pero yo insistí en decirle al DJ que colocara "The Ringer" de Eminem, porque quería sentirme poderoso.

Sábado: Estuve mirando de nuevo las grabaciones de las cámaras de seguridad, con una seguridad estúpida e incomprensible de que encontraría algo, un detalle, que por muy minúsculo que fuera, nos podría servir.

"Hemos estado buscando todo este tiempo por Jeanine... Pero, ¿Qué tal si buscáramos por algo o alguien más?".

Se me ocurrió que, en caso de que Jeanine fuera abducida por el grupo de trata, no tendría por qué ser la única a la que le ocurriera eso en los últimos meses, y que además, probablemente perfilaban mejor para ser raptadas, mujeres extranjeras que locales. Así que puse mi atención en las mujeres que no fueran suizas y que estuvieran captadas en las imágenes que teníamos. Al poco tiempo de filtrar la búsqueda de ese modo, encontré en uno de los vídeos, el trágico suceso de una mujer siendo raptada. Tomé nota de los datos de ubicación de la cámara en cuestión, y llamé al Sargento Karlsson para consultar con él sobre ella.

-Buenos días, Sargento, ¿Lo estoy molestando?

-No, Sr. Félix, ¿Cómo se encuentra? ¿En qué puedo ayudarlo?

-He encontrado algo en las grabaciones de las cámaras de seguridad que tenemos. Una mujer siendo raptada en el área de Bumpliz, Frankenstrasse.

-Oh. Una de las áreas turísticas. ¿Qué lo hizo dirigir su atención a ese lugar en particular?

-Se me ocurrió que quizá los secuestradores tuvieran por objetivo principal a mujeres extranjeras, y al buscar en las imágenes, pues, dí con el secuestro de una mujer, de aspecto adulto, un poco más de 25 años, de ascendencia arabica, al menos 1,70 de altura.

-¿Cómo se nos pudo escapar ese detalle? Hm-el Sargento hizo una pausa meditativa, y suspiró fuerte, intentando encontrar las mejores palabras para abordarme por mi nuevo descubrimiento-Sr. Félix, muchas gracias por su información. Si es posible, envíenos el fragmento de grabación que señala que encontró y en el transcurso del día, le devuelvo la llamada.

-Bien, le enviaré la grabación por correo, y estaré al pendiente de mi teléfono. Hasta luego, Sargento.

Usando el editor simple de mi laptop, hice un corte de la grabación y la envié inmediatamente.

Tomando en consideración que estamos hospedados en el hotel La Pergola, que se ubica estratégicamente posicionado en las adyacencias de la Embaja de Estados Unidos de Bern, entendería por qué a cualquiera no se le ocurriría que los raptos están ocurriendo del otro lado de la ciudad. Bumpliz se encuentra al oeste, muy lejos de Monbijou, que es el sector en que nos hallamos el equipo y yo.

Algo tuvo que dirigir a Jeanine a un lugar tan lejano, quizá el haber visto a alguien ser raptada en Bumpliz también.

Más tarde ese día, el Sargento Karlsson volvería a llamar, para indicarnos que han redirigido la expedición. Y que han establecido un perímetro en Bumpliz, con un nuevo edificio, de características muy similares al del primer brief y que la operación comenzaría a la hora especificada anteriormente.

Domingo: La agitación del día anterior me había dejado exhausto. Alba y Joe intentaron ordenar nuestra habitación tanto como fuera posible, como anticipándose a que algo nos sucedería en la expedición. Yo no podía moverme.

¿Saben cómo es la sensación del nudo en la garganta, no? Imaginen sentir eso no sólo allí, sino en los brazos, las piernas, el estómago y la cabeza. El cuerpo todo anudado, como que si me hubieran aplicado shibari y me hubieran dejado a mi suerte, en la cama. No podía dejar de imaginar la cara de Jeanine, llena de lágrimas, sangre y desesperación. Ella, su pobre hermana, y la mujer árabe que vi siendo capturada en los videos de seguridad, pidiendo auxilio, sin voz.

Este día fue el que transcurrió más despacio... Tanto que no me dí cuenta, cuando decidí levantarme...

Que era la madrugada del Lunes...

Continuará.

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