Oscuridades para aclarar, FINAL (Cuento corto)
Lunes: Miré el reloj y marcaba las 3:33 am, lo que me produjo un extraño espanto. Alba y Joe... No es que no hayan notado que pasé la mayoría del día de ayer en una suerte de estado catatónico; creo que fueron lo suficientemente comprensivos conmigo, como para dejarme tener un momento de solitud mental, que aproveché para mirar muy bien hacia atrás y prepararme para lo que nos esperaba, en tan sólo unas horas. Ya había llegado hasta aquí, sólo quedaba seguir. Me lo repetí varias veces, en un intento absurdo por ahuyentar la cobardía. Pensaba en mi familia, en cómo he invertido el tiemo y que no he aprovechado del todo mis oportunidades... En lo mucho que he procrastinado, dejando de lado lo que deseaba hacer y tener, lo que creo que merezco. Dejándome de lado. En lo insignificante que habría sido mi vida, si llegaba a morir en la expedición con la policia.
Volteé a ver el reloj en la mesita de noche que reposa al lado de mi cama, marcaba las 4:05. Esta otra parte de mi que está muy decidida a tomar las riendas de mi vida de una vez por todas, tomó el volante. "¿Cuánto más voy a lamentarme por las cosas que no hice, que no dije, que no he logrado?", resonó una voz, en mi cabeza, mientras se disipaban mis dudas.
¿Cómo es que decía ese personaje, en esa película de superhéroes? "Son tres o cuatro momentos, los que tienes para ser un héroe". Medité sobre los momentos en que me empujaban las circunstancias a tomar deciones trascendetales, que afectarían la vida de un gran número de personas, y no hallé ninguno. Ha sido sólo este, el único momento en que debía intentar transformarme finalmente en la mejor versión de mi mismo. Otras personas dependían de que lo fuera.
No quise mirar de nuevo el reloj, para no hacer volver mi ansiedad. Sólo me levanté de la cama, tratando de no hacer ruido con mis pasos, tomé una toalla de la cómoda que está al lado de la nevera, entré al baño y abrí la ducha. El agua caliente hizo aparecer rápidamente una neblina espesa, que cubrió la pequeña letrina. Por mucho que el hotel es bastante lujoso, no pude evitar notar exageradamente pequeños que son los baños, lo cuál me pareció una especie de chiste interno que tendrían el arquitecto y el ingeniero, mientras construían este edificio. "La gente se va a cagar de rabia, jaja, ¡Sólo imagina sus caras!". Son cuestiones estéticas que se me escapan.
Con el jabón cubriéndome el cuerpo y mientras me frotaba, pensaba en la explicación que tendría que dar a los medios y las autoridades estadounidenses, una vez que todo esto acabara. La percepción que todos tenemos de la verdad, es una frazada endeble, que creemos que pintamos del color que más nos agrada, cuando lo cierto es que nos han programado para adornarla con un criterio ajeno.
Toda esta crisis surgió a partir de los ojos y dedos curiosos de un hacker, que quiso traer hacia la luz a los abusivos, que entre sombras, jugaban a ser dioses, y se deslastraban de los pesos que vienen con los cargos públicos. Esas personas que se supone que "representan los intereses del pueblo", ¿Quiénes son ellos? Son efigies falsas, que diseñan mentiras y dominan y dirigen la cultura de una audiencia masiva.
Jeanine no pudo evitar caer dentro del ojo del huracán. Más allá de sentir la responsabilidad de desenmascarar a estos íconos falsos, mi Valentín universitario se adentró en la panza de la bestia porque consiguió razones de fuerza mayor y se dispuso a sacrificarse a sí misma. Quizá quiso ser secuestrada, a modo de poder ayudar a su hermana a estar más a salvo, desde dentro de la operación.
Hasta ese momento, no podía saberlo a ciencia cierta, pero no era difícil imaginarlo. Después de todo, Jeanine se forjó altruista, antes que periodista. Hace las cosas por el bien de los demás. Incluso, ¿Participar en engaños colectivos?
La verdad, entonces, ¿Es eso que se dice a medias por el bien de otros, o lo que se dice, con palabras como cuchillos, para cortar entre tanta maleza de desinformación?
A fin de cuentas, como periodista, llegado el momento, tendría que tomar la decisión responsable, y declarar según me pidan que haga. Lo que está bajo mi control, es lo que sucederá después de las 6:00.
Al salir del baño, me acerqué al teléfono de la habitación para marcar la extensión de la recepción y pedir que nos enviaran el desayuno. Incluso el personal del hotel estaba enterado de lo que estaba pasando, o eso me pareció, pues la comida llegó a prisa, y la cara de la conserje que la traía, tenía ojos de admiración. Pude sentir cómo me deseaba suerte con la mirada, al abrir la puerta y recibir las bandejas y platos.
5:05 me pareció la hora correcta para despertar a Alba y Joe, para que pudieran asearse y arreglarse, comer y tomar café, para que sus sentidos estuvieran a tope antes de que viniera el Sargento Karlsson y su equipo por nosotros. El servicio de cuarto nos atendió espléndidamente, con una generosa orden de waffles, pan tostado, huevos revueltos, tocino, salami, jugo de naranja, agua en una jarra y en botellas, miel, panqueques, queso mozzarella, fresas y frambuesas cortadas en rodajas, y por alguna extraña razón, una caja de cigarrillos.
No me cabe en la cabeza aún lo bueno que estaba el café. El lenguaje corporal y ritmo de Joe cambió inmediatamente. Alba no paraba de celebrar por las frutas.
-Este jugo de naranja está increíblemente exquisito. Está en ese punto de acidez y dulzor que es perfecto, ¿Sabes?
-Estoy intentando no gritar de emoción porque nos sirvieron tocino-le contesté mientras masticaba afanadamente las crujientes tajadas-O sea, de todas las cosas que podía pedirles que hicieran para el desayuno, y que no faltara, sería esto, el tocino. Es como que hubiesen leído mi mente.
-Oigan, muchachos...-Joe se sentó en su cama, con la vista en dirección hacia una de las ventanas-¿Y si este es el último amanecer que podremos ver? ¿Están conformes con lo que han logrado, hasta este punto, en sus vidas? Pregunto, porque, wow, me acaba de golpear una terrible sensación de peligro inminente.
-Todo va a estar bien, Joe-le dije, tratando de alentarlo.
-Así es Joe, y a ver, para responder tu pregunta...-Alba se levantó de la mesa y se acercó hasta Joe, se agachó, poniéndose al nivel de sus piernas, miró hacia arriba y continuó-Estamos juntos en esto, ¿Sí? Y vamos a salir en una pieza, todos. Lo importante es que hagamos lo que vinimos a hacer: Rescatar a Jeanine, y acabar con todo este circo.
-Joe, te entiendo perfectamente, en verdad-suspiré mirando el suelo; volteé a verlo-Sé a qué te refieres. Jeanine está esperando por nosotros, tenemos que ir por ella, hermano.
-Bien, bien. Sí, tienen razón. Está esperando por nosotros.
-En la ducha estaba pensando que quizá Jeanine hizo esto para forzar la mano de la policía y de todos, que se sacrificó.
-Nadie haría eso, habría que estar falto de un tornillo, ¿No?-se preguntó Alba, rascando la parte de atrás de su cabeza-Claro que, Jeanine no es tu típica 'mujer de medios'.
-Es sólo que pensaba en su motivación, y si bien pudiera comprender que quisiera manejar las cosas con cuidado, en un principio, pues se trata de un tema sumamente sensible para ella; el haber encontrado a su hermana bajo estas circunstancias, debió ser duro, debió cambiarlo todo-expliqué, mientras caminaba despacio hacia la ventana, para correr la cortina.
-Tenemos que salvarla, Félix. Vamos por ella-dijo Joe, terminando su taza de café.
Marcaban las 5:50 cuando escuchamos el sonido de motores de autos acercándose al hotel. El Sargento Karlsson me escribió un mensaje pidiéndome que bajara con mi equipo, que tenía algunas cosas que debía entregarnos.
Ya en planta baja, nos abordó contundentemente y sin dilación.
-Tomen un chaleco y pónganselo-me dijo, estirando la mano para que yo la estrechara-¿Cómo se encuentra esta mañana, Sr. Félix? Creo que aún no me ha dicho su apellido.
-Castillo. Creo que estamos listos, Sargento-le contesté, dándole un apretón.
-Bien, hemos coordinado una incursión que se divide en dos etapas-describió el Sargento, mirándome directamente a los ojos. Me desconcertaba el tono eléctrico que tenían los suyos-La primera es una etapa discreta, dos escuadrones harán una aproximación lo más silenciosa posible por el lado oeste y sur del edificio, para hacer entrada y reconocimiento. La segunda etapa es la de extracción: Buscaremos a las rehenes, poniendo prioridad en la Srta. Arson y su hermana, intentando no tener que enfrentar abiertamente a los perpetradores.
Todo estaba muy claro. Asentí con la cabeza y nos deseé suerte a todos. En la Suburban que manejaba el Sargento Karlsson, se encontraban los equipos de grabación que dijo que nos prestaría el canal de noticias local, los revisamos para verificar que estuvieran funcionales y saber a ciencia cierta cuánto material podríamos capturar. Hecho el chequeo, subimos a la camioneta, y partimos a Bumpliz.
El pulso social de la ciudad, se mantenía, estaba en su estado regular; aunque la policía tomara previsiones y despejara tanto como fuera posible las áreas adyacentes al edificio en que íbamos a irrumpir, sin levantar sospechas. Tan pronto como alcanzamos la cuadra anterior al objetivo, bajamos de la camioneta y tomamos los equipos, mientras los miembros de la fuerza de choque que el Sargento Karlsson lideraba terminaban de afilar sus garras.
-Quédense detrás nuestro en todo momento, Sr. Félix. Mantengan una buena distancia y traten de grabar todo lo que puedan-pidió el Sargento, en un tono sobrio y demasiado amable, cosa que hacía mal contraste con todo lo que estaba pasando.
Todos asentimos con la cabeza. En silencio, el sargento hizo unas señas con las manos a sus hombres y empezaron a caminar despacio. Miré a Joe, y luego a Alba, y con una mueca del rostro, les pedí que me siguieran. Joe se encargó de manejar la cámara, mientras Alba llevaba el bolso con los aparatos de recepción, y se dispuso a manejar el micrófono boom.
Como pude, empecé a narrar lo que estaba sucediendo; expliqué detalladamente la situación y sus precedentes, al micrófono compacto. Me sudaban las manos, estaba intentando que no se notara que estaba asustado al hablar para esa audencia imaginaria en la que me debía enfocar para darle fluidez a mi discurso. Igual mi voz temblaba.
Entramos al edificio e inmediatamente, los hombres del Sargento Karlsson buscaron el acceso al sótano, por lo que comenzamos a descender.
Nos encontramos con un espacio hecho de concreto; cuatro paredes, algunos barriles de plástico, muchas cajas de cartón, plástico para envolver, lo esencial que se puede encontrar en un depósito. Karlsson ordenó a sus hombres revisar las paredes, a ver si encontraban algún tipo de switch o perilla de una puerta secreta.
En eso escuchamos la voz de un hombre, resonar desde el pasillo de la escalera que dirige hacia el sótano...
-Deténganse ahora mismo si quieren ver la luz del día en las próximas horas.
Era una voz ronca y precisa. Se escuchaba la marcha de varios individuos, que por lógica, venían bajando para encontrarnos y emboscarnos.
-Atentos, muchachos. Ubiquen sus objetivos y disparen a mi señal; absténganse de apretar el gatillo aunque los hostiles nos provoquen-indicó Karlsson en voz baja.
-No queremos bañar de masacre el depósito, ¿Verdad que no, Sargento?-dijo el hombre de voz ronca, con intención incisiva-Respeto su audacia, y por supuesto, lo bien preparados que están usted y su equipo, pero está mirando en el sitio equivocado.
Su aspecto era verdaderamente tenebroso. Pero no porque fuese igual que el de tu villano de película de acción canónico, de cara cortada, de barba a poco de haberse rasurado, de contextura gruesa y de mucha altura. Este tipo no era una torre de maldad por sus atributos físicos. Se veía como cualquier persona, alguien regular. Que se podría inmiscuir entre cualquier público, y vender personas a gente ebria de poder.
-Déjenme presentarme, para no parecer mal educado-murmuró, bajando las escaleras un poco más y encontrarse a nivel con nosotros-Mi nombre es Aleksei Peratzschik, pero mis amigos me llaman Alek. Seguro que tiene mi nombre entre sus registros, Sargento.
-Múltiples cargos de robo a mano armada, múltiples cargos de allanamiento e invasión de propiedad privada, tráfico de narcóticos en varios países miembros de la UE...-el Sargento hizo pausa, suspiró, chasqueó sus dientes-Una trayectoria amplia, y experticie para realizar sus negocios. Tiene su propio ejercito y ha logrado sobornar a una gran cantidad de políticos por venderles sexo a través de su red de trata. Eso lo ha mantenido lejos de los radares de la autoridad. Estamos delante de un verdadero mafioso. Algunos le conocen simplemente como "El Mercader".
-Esto puede tener uno de dos finales, Sargento...-comentó Aleksei, mientras se corría su sub-rifle hacia un lado, para sacar una caja de cigarrillos de su bolsillo, y una yesca. Entre aspiradas al pequeño bastón de tabaco, continuó-Sus hombres y usted bajan sus armas, y proceden a abandonar este edificio, junto con su equipo de periodistas, todos vuelven a sus vidas normales y se olvidan de nuestra pequeña operación; o nos enfrentamos y vemos quién tiene mejor puntería.
-Venimos por la Srta. Arson y todas las demás personas que has capturado en contra de su voluntad, Aleksei. ¡Ríndete ahora que estás a tiempo, antes de que arriben los equipos de respaldo y te veas acorralado!
-¿Quién sería tan estúpido para venir hasta acá sin una mínima idea de lo que les esperaba? ¿No les pareció sospechoso siquiera que no los enfrentamos mientras aún estaban fuera del edificio? ¿O que el edificio estuviera prácticamente vacío?-preguntó Aleksei, en ánimos de provocación-Me decepciona un poco, Sargento. Está representando muy mal a su precinto.
-¡¿Pueden parar ya?!-exclamé, ahogado en terror-Mire, Aleksei, Mercader, lo que sea... Ríndase, lo que está haciendo es verdaderamente horrible. ¿Cómo puede considerar tan poco la vida humana? Que quiera explotarla como lo ha hecho hasta ahora. ¿No entiende que no tiene escapatoria? ¿Que tarde o temprano, tendrá que caer?
-Vaya, tenemos a un moralista en el grupo. ¿Y tú, cómo te llamas, moreno?
-Félix. Félix Castillo.
-Muy bien, Sr. Castillo, lo felicito-dijo Aleksei, para luego reventar a carcajadas, aspirar más de su cigarro y aplaudir-Es usted muy valiente, Sr. Castillo. Puedo ver que está cansado, ¿Han sido días difíciles?
-No tienes ni idea, grandísimo hijo de perra-comenté entre dientes; podía sentir cómo empezaba a hervirme la sangre-Vine aquí por Jeanine, y no me iré sin ella.
Joe y Alba hiperventilaban, intentaban retroceder y buscar un lugar en el que pudiéramos ir a cubierta, en caso de que explotara la tensión.
-¡Manténgase atrás, Sr. Félix. No se involucre!-me pidió el Sargento, con gran preocupación.
-¡Al carajo con esto! No vine aquí a morir de manos de un delincuente glorificado. Aleksei, ¡Ríndase ya! ¡Este es el fin!
-¡Jajaja! Esto es verdaderamente increíble. ¿Un americano estúpido vino a decirme que mi negocio ha llegado a su fin? No sabes las cosas que están en juego, pequeño amigo.
-Señor, han llegado los refuerzos-dijo uno de los hombres de Karlsson, mientras se escuchaba en las radios el diálogo en sueco de otros miembros de la policía.
-Entonces estaba ganando tiempo. Muy bien, Sargento. ¡Pero esto no terminará como se lo ha imaginado!-en un ademán, Aleksei pasó de estar aspirando de su cigarro, cogió su rifle de nuevo, y corrió rápidamente detrás de una columna, para comenzar a disparar.
El Sargento y sus hombres no dieron tregua. El ruido de las metralladoras y rifles era ensordecedor. Después de todo, estábamos en un espacio aislado. Podía ver las balas rebotar. Joe y Alba se cubrieron, y tuve que decirles que se enfocaran para poder continuar grabando. Se escuchaban las balas atravesando los cuerpos de los hombres de Aleksei. Eran muchos.
A lo lejos se pudo escuchar...
-¡Muévanse, múevanse! ¡Entren ya!
Al llegar los refuerzos, fue como ver a una pinza cerrarse. Lograron neutralizar a los hombres restantes de manera inmediata. Aleksei finalmente se dió por vencido.
- ¿Dónde está la entrada al calabozo en donde encierras a todas esas personas que atrapaste, mal nacido?-rugió el Sargento Karlsson, tomando al Mercader por el cuello de la camisa-¡Habla ya!
-El switch está en la columna, del otro lado del sótano...-murmuró débil, tenía un disparo en el hombro y otro en el abdomen.
-Llévenselo de aquí, y asegúrense de que siga con vida. Queremos llevarlo a la corte para que lo procesen adecuadamente.
Otro de los hombres de Karlsson se apróximo a la columna que señaló Aleksei, buscó y dio con el switch. Una de las paredes se tumbó hacia adentro, y dejó ver una escalera que iba hacia abajo, mucho más hacia lo profundo.
-¡Alba! ¡Alba!-los gritos de Joe sonaban lamentosos, como que se estuviera ahogando de llanto-¡Alba, por favor! ¡No mueras, Alba!
-¡Llamen a una ambulancia!-exclamó el Sargento-¡Ahora mismo, llamen a una ambulancia!
Alba estaba perforada en el tórax. Uno de sus pulmones se llenaba rápidamente de sangre, por lo que se quedaría sin óxigeno pronto. Se sentía la dificultad en su respiración; un pequeño pitido acompaña sus inhalaciones.
-Alba, por favor... No mueras... No puedo regresar solo a Estados Unidos... Estamos juntos en esto, ¿No?-Joe sostenía a Alba en sus brazos y presionaba con fuerza su pecho para fomentar su presión arterial.
La ambulancia llegó y con ella, los paramédicos. Aún estando en el subterráneo, se oían fuerte las sirenas y a traseuntes alarmados. Bajaron rápidamente y al ver a Alba ya casi inconsciente, no tardaron en socorrerla. La montaron en una camilla y...
-¿Puedes continuar por tu cuenta, Félix? Debo estar con Alba-la preocupación de Joe era honesta. Hasta ese momento, habría creído que Joe consideraba a su compañera, sólo eso; alguien con quién compartía sólo una relación de trabajo. Pero miré sus ojos empapados de lágrimas, y decidí ser fuerte por él.
Nos dimos un abrazo. Joe partió con los paramédicos hasta la ambulancia. En el camino al hospital, comenzó a mensajearme.
"Puedes hacerlo".
"Nunca más vuelvas a dudar de ti, Félix".
"Gracias por darle sentido a todo esto".
"Cuidaré de Alba. Ve por Jeanine y tráenosla de vuelta. A su hermana también".
Karlsson, dos de sus hombres y yo, cámara en mano, empezamos a descender las escaleras del compartimiento secreto en el sótano, nos esperaba una puerta al final. Forzaron la cerradura usando explosivo compuesto. Una parte de mi sentía alivio de que ya todo estaba por terminar, pero al entrar al pasillo que seguía la puerta, y ver la interminable cantidad de celdas, en que yacían en condiciones lamentables personas, vivas o muertas, sólo pude sentir repudio y ganas de vomitar.
-¡Srta. Arson! ¡Por favor, díganos dónde está!-repitió el Sargento varias veces.
Comenzaron a escucharse golpes en la reja de una de las celdas. Grabé todo, aunque la luz era pobre. Seguimos el sonido de la reja...
Jeanine... Eres increíblemente valiente. De todo lo que aprendí, a partir de esta experiencia, eso es lo que destaca más para mi. Me invadían sentimientos de lástima, de culpa, de impotencia. Por no haberme involucrado más pronto, por nunca haberte contactado, a pesar de que moría de ganas de volver a hablar contigo y verte.
Encontrarte en el estado en que estabas: Desnutrida, desorientada, deshidratada, despojada... Es una imagen que no podré borrar de mi mente nunca. La policía hizo un esfuerzo inmenso, mucho de su personal tuvo que entrar al calabozo, para poder forzar las puertas de las celdas y sacarlas a ti, a tu hermana y al resto de personas de allí.
El proceso de tu recuperación se dio por etapas. Debíamos esperar a que estuvieras suficientemente sana y limpia para que pudieras abordar el avión que nos llevaría de vuelta a Estados Unidos. Antes de eso, tenían que llevarnos desde Bern a Zuric en auto. Por lo que nos esperaban largas horas de sólo estar sentados, e inmóviles. No podíamos irnos así no más.
Joe estuvo con Alba las dos semanas que le tardó a ella reponerse de las heridas que sufrió, hasta que le dieron de alta. Tu hermana estaba en un estado muy crítico. Parece que había sido abusada sexualmente varias veces, por lo que tuvieron que restaurar su útero a partir de un proceso muy delicado, y para el que le tomó al menos 7 semanas recuperarse de modo aceptable, antes de viajar. Su reposo continuaría en Estados Unidos, y tendría que ser atendida por personal terapéutico periódicamente.
Tu investigación y todos los datos que recolectaste, los entregué al Departamento de Policía de Bern y ellos se encargaron de hacerlo llegar al SIF. Uno a uno, los políticos que se vieron involucrados en la compra de servicios sexuales forzosos, fueron detenidos, en sus casas, en sus trabajos, todo hecho de una manera muy pública. Los medios internacionales se llenaron con esta historia. El nombre de Aleksei estaba por todos lados, también.
Ya que pudiéramos volver a Estados Unidos, Laurence nos recibió de brazos amplios y ojos enrojecidos. Quizá por no poder dormir o de tanto llorar. Cualquiera que fuera el caso, nos respaldó. Y fui muy claro con él...
-Esta historia, la reportaré yo. Sea que deba aparecer en la pantalla de CNN en una especie de reportaje especial o lo que sea... No dejaré que nadie más cuente lo que ocurrió, ¿Quedó claro?
No me reconocía. Laurence sólo asintió con la cabeza.
Las llevé a ti y a tu hermana a Raleigh, a casa de tus padres. La conmoción con que nos recibieron fue abrumadora; quería poder explicarles todo sin que se me hiciera un nudo en la garganta, pero fue imposible. Tu mamá lloró mucho. Y tu papá sintió pena al tener que explicarle a tu mamá del origen de tu hermana. Fue un poco bochornoso pero al final, ella sintió que no podía molestarse con él y que lo más importante era poder traerlas de vuelta a ti y a tu hermana.
Decidí quedarme en Raleigh un tiempo prudencial para acompañarles en su recuperación y también apoyar a tus padres en lo que les hiciera falta. Muchos medios me contactaron durante ese tiempo, para que diera entrevistas a distancia. El Sargento Karlsson se puso en contacto conmigo para avisarme que se había creado un fondo en Suiza para apoyar económicamente a los sobrevivientes del círculo de Aleksei. Envió un correo con instrucciones para que pudiéramos acceder a ese dinero, y vaya que era una cantidad impresionante.
Pasaron los meses. Y poco a poco, conseguimos reavivar la chispa en ti, y comenzaste a conversar.
Te conseguí mirando por la ventana de tu cuarto, hacia la calle, te traía galletas y un vaso de agua.
-¿Cómo te sientes?
-Aún me arde el estómago. Aún siento que una parte de mi, se quedó en ese calabozo.
-¿Crees que va a pasar mucho tiempo hasta que esa parte de ti vuelva?
-Hm. No lo sé. Quizá sea mejor que no lo haga. No quiero ser la misma persona que fui...
-¿A qué te refieres? Jeanine, siempre serás la misma persona increíble, preparada, profesional, fuerte, valiente...
-No, Félix. No quiero ser fuerte ni valiente, más de lo que debo ser vulnerable y frágil, ¿Entiendes? La Jeanine que todos admiraban y que todos querían emular, desapareció, murió.
-¿Entonces que te queda por hacer? ¿No crees que haya un destino para la nueva Jeanine?
-Probablemente lo hay. Quiero darme un tiempo antes de averiguarlo.
Toc-toc-toc, sonó la puerta. Era tu hermana, entró a tu cuarto buscando un abrazo.
-¡Katie! ¿Cómo estás, preciosa?-le dijiste en un tono dulce y cálido-Ven, abrázame.
-Hola, Katie, ¿Cómo te sientes?
-Tengo ganas de comer waffles, huevo y tocino-dijo tu hermana, mirándome con una mueca sarcástica y risueña-¡Félix!
-¡Katie! Jajaja, significa que siempre que tengas antojo de waffles, huevo y tocino, ¿Tendré que ir a cocinarlos?
-Sí, hmph. Es tu deber, debes cuidar de Jeanine y de mí.
-A sus ordenes, mi señora-hice una reverencia y comenzamos todos a reír-¡Alguien que termine este reinado de maldad!
Pasaron unos meses más y finalmente, estábamos listos para llevar la historia en íntimo, a CNN. Laurence reunió a un grupo de productores y prepararon uno de los estudios de forma especial, con paneles y pantallas desde la que pudiéramos proyectar las imágenes que fueran competentes. Quizá lo que menos imaginé de todo esto que ocurrió, es que estaría en televisión internacional, controlando la narrativa.
-Buenas noches, queridos televidentes. Bienvenidos a este reportaje especial de CNN sobre los sucesos acontecidos en Suiza el pasado mes de Septiembre, relacionados al circulo de trata de personas dirigido por el ya aprehendido Aleksei Peratzschik-respiré profundo, tomé un momento y miré hacia otra cámara-Mi nombre es Félix Castillo y antes de continuar, les pedimos que vean este reportaje bajo su propia discresión, ya que abarca información que puede afectar sus sensibilidades.
Laurence me hablaba al auricular en mi oído.
-Lo estás haciendo bien, chico, sigue adelante.
-Queremos contarle de todos los detalles acerca de estos eventos, y mostrarles la información que CNN recolectó de manera exclusiva. Pero antes de eso, realizaremos una entrevista a una de las sobrevivientes de la explotación de este nefasto grupo. Se trata de una de nuestras reporteras, reconocida por su gran trayectoria y talento para la investigación periodistica: Jeanine Arson.
-¿Qué tal, Félix? Un gusto estar aquí para conversar contigo-dijiste en tono apacible y sobrio.
-Por favor, Jeanine, cuéntanos: ¿Cuál consideras que fue el elemento determinante que te llevó a realizar esta investigación, que te hizo involucrarte tanto?
-Primeramente, y antes de responder tu pregunta, quiero dar las gracias a todas las personas que han mostrado su apoyo, tanto para mi, como para mi familia, y Katie, todas las redes de caridad, que nos tendieron una mano y nos proporcionaron medicinas y ayuda terapéutica; en verdad que eso ha sido muy importante para mi, y para mi pequeña hermana, también. Gracias a todos, en verdad.
-Estoy seguro que estos han sido tiempos muy emocionales para ti.
-Sí, así es. Lo que tuve que enfrentar no fue para nada fácil. Y no hablo sólo por mi, sino por todas las mujeres y hombres también, que tuvieron la mala fortuna de atravesar por lo mismo que yo-estiraste tu blazer y acomodaste tu postura-Para responder tu pregunta: Comencé esta investigación porque quise hacer llover luz sobre este tema tan tabú que es la prostitución forzosa de mujeres y la trata de personas.
-Y ya que corriste la cortina, encontraste algo mucho más profundo...
-Así es. No se trataba simplemente de un entramado criminal de los que se pueden encontrar en cualquier país; no se trataba siquiera de 'prostitución forzosa' y nada más.
La entrevista transcurrió naturalmente. Hablamos por al menos dos horas y poco a poco, entre los dos, fuimos desenredando la maraña de increíbles sucesos que tuviste que vivir en carne propia. Estar al centro y al frente de semejante labor, me parecía impresionante, según mis propios estándares personales. Pero así como 'la antigua Jeanine', murió en los calabozos de Aleksei, también lo hizo mi antiguo yo.
Y aunque Alba y Joe descubrieron que guardaban entre ellos, sentimientos románticos muy profundos, y decidieron al poco tiempo de volver de Suiza, mudarse juntos y casarse...
Yo quise esperar un poco más.
Porque aún cuando mereces todo el amor que tengo para ofrecerte, y que gracias a ti, me convertí en un mejor periodista, un mejor hombre... Y aunque sé que tú también me amas, que me necesitas cerca, porque me lo has dicho...
Hay veces en que no se puede actuar en razón de ciertos sentimientos. Y si debíamos estar juntos, no era este el momento. Porque debías sanar un poco más.
Aunque se siente como que el precio que tuve que pagar para lograr todo esto, fue abrir una vieja herida...
Aún considero que puedo esperar por ti. A que vuelvas. O que te transformes.
Porque siempre, siempre voy a amarte, Jeanine. Y tú lo sabes.
FIN
Volteé a ver el reloj en la mesita de noche que reposa al lado de mi cama, marcaba las 4:05. Esta otra parte de mi que está muy decidida a tomar las riendas de mi vida de una vez por todas, tomó el volante. "¿Cuánto más voy a lamentarme por las cosas que no hice, que no dije, que no he logrado?", resonó una voz, en mi cabeza, mientras se disipaban mis dudas.
¿Cómo es que decía ese personaje, en esa película de superhéroes? "Son tres o cuatro momentos, los que tienes para ser un héroe". Medité sobre los momentos en que me empujaban las circunstancias a tomar deciones trascendetales, que afectarían la vida de un gran número de personas, y no hallé ninguno. Ha sido sólo este, el único momento en que debía intentar transformarme finalmente en la mejor versión de mi mismo. Otras personas dependían de que lo fuera.
No quise mirar de nuevo el reloj, para no hacer volver mi ansiedad. Sólo me levanté de la cama, tratando de no hacer ruido con mis pasos, tomé una toalla de la cómoda que está al lado de la nevera, entré al baño y abrí la ducha. El agua caliente hizo aparecer rápidamente una neblina espesa, que cubrió la pequeña letrina. Por mucho que el hotel es bastante lujoso, no pude evitar notar exageradamente pequeños que son los baños, lo cuál me pareció una especie de chiste interno que tendrían el arquitecto y el ingeniero, mientras construían este edificio. "La gente se va a cagar de rabia, jaja, ¡Sólo imagina sus caras!". Son cuestiones estéticas que se me escapan.
Con el jabón cubriéndome el cuerpo y mientras me frotaba, pensaba en la explicación que tendría que dar a los medios y las autoridades estadounidenses, una vez que todo esto acabara. La percepción que todos tenemos de la verdad, es una frazada endeble, que creemos que pintamos del color que más nos agrada, cuando lo cierto es que nos han programado para adornarla con un criterio ajeno.
Toda esta crisis surgió a partir de los ojos y dedos curiosos de un hacker, que quiso traer hacia la luz a los abusivos, que entre sombras, jugaban a ser dioses, y se deslastraban de los pesos que vienen con los cargos públicos. Esas personas que se supone que "representan los intereses del pueblo", ¿Quiénes son ellos? Son efigies falsas, que diseñan mentiras y dominan y dirigen la cultura de una audiencia masiva.
Jeanine no pudo evitar caer dentro del ojo del huracán. Más allá de sentir la responsabilidad de desenmascarar a estos íconos falsos, mi Valentín universitario se adentró en la panza de la bestia porque consiguió razones de fuerza mayor y se dispuso a sacrificarse a sí misma. Quizá quiso ser secuestrada, a modo de poder ayudar a su hermana a estar más a salvo, desde dentro de la operación.
Hasta ese momento, no podía saberlo a ciencia cierta, pero no era difícil imaginarlo. Después de todo, Jeanine se forjó altruista, antes que periodista. Hace las cosas por el bien de los demás. Incluso, ¿Participar en engaños colectivos?
La verdad, entonces, ¿Es eso que se dice a medias por el bien de otros, o lo que se dice, con palabras como cuchillos, para cortar entre tanta maleza de desinformación?
A fin de cuentas, como periodista, llegado el momento, tendría que tomar la decisión responsable, y declarar según me pidan que haga. Lo que está bajo mi control, es lo que sucederá después de las 6:00.
Al salir del baño, me acerqué al teléfono de la habitación para marcar la extensión de la recepción y pedir que nos enviaran el desayuno. Incluso el personal del hotel estaba enterado de lo que estaba pasando, o eso me pareció, pues la comida llegó a prisa, y la cara de la conserje que la traía, tenía ojos de admiración. Pude sentir cómo me deseaba suerte con la mirada, al abrir la puerta y recibir las bandejas y platos.
5:05 me pareció la hora correcta para despertar a Alba y Joe, para que pudieran asearse y arreglarse, comer y tomar café, para que sus sentidos estuvieran a tope antes de que viniera el Sargento Karlsson y su equipo por nosotros. El servicio de cuarto nos atendió espléndidamente, con una generosa orden de waffles, pan tostado, huevos revueltos, tocino, salami, jugo de naranja, agua en una jarra y en botellas, miel, panqueques, queso mozzarella, fresas y frambuesas cortadas en rodajas, y por alguna extraña razón, una caja de cigarrillos.
No me cabe en la cabeza aún lo bueno que estaba el café. El lenguaje corporal y ritmo de Joe cambió inmediatamente. Alba no paraba de celebrar por las frutas.
-Este jugo de naranja está increíblemente exquisito. Está en ese punto de acidez y dulzor que es perfecto, ¿Sabes?
-Estoy intentando no gritar de emoción porque nos sirvieron tocino-le contesté mientras masticaba afanadamente las crujientes tajadas-O sea, de todas las cosas que podía pedirles que hicieran para el desayuno, y que no faltara, sería esto, el tocino. Es como que hubiesen leído mi mente.
-Oigan, muchachos...-Joe se sentó en su cama, con la vista en dirección hacia una de las ventanas-¿Y si este es el último amanecer que podremos ver? ¿Están conformes con lo que han logrado, hasta este punto, en sus vidas? Pregunto, porque, wow, me acaba de golpear una terrible sensación de peligro inminente.
-Todo va a estar bien, Joe-le dije, tratando de alentarlo.
-Así es Joe, y a ver, para responder tu pregunta...-Alba se levantó de la mesa y se acercó hasta Joe, se agachó, poniéndose al nivel de sus piernas, miró hacia arriba y continuó-Estamos juntos en esto, ¿Sí? Y vamos a salir en una pieza, todos. Lo importante es que hagamos lo que vinimos a hacer: Rescatar a Jeanine, y acabar con todo este circo.
-Joe, te entiendo perfectamente, en verdad-suspiré mirando el suelo; volteé a verlo-Sé a qué te refieres. Jeanine está esperando por nosotros, tenemos que ir por ella, hermano.
-Bien, bien. Sí, tienen razón. Está esperando por nosotros.
-En la ducha estaba pensando que quizá Jeanine hizo esto para forzar la mano de la policía y de todos, que se sacrificó.
-Nadie haría eso, habría que estar falto de un tornillo, ¿No?-se preguntó Alba, rascando la parte de atrás de su cabeza-Claro que, Jeanine no es tu típica 'mujer de medios'.
-Es sólo que pensaba en su motivación, y si bien pudiera comprender que quisiera manejar las cosas con cuidado, en un principio, pues se trata de un tema sumamente sensible para ella; el haber encontrado a su hermana bajo estas circunstancias, debió ser duro, debió cambiarlo todo-expliqué, mientras caminaba despacio hacia la ventana, para correr la cortina.
-Tenemos que salvarla, Félix. Vamos por ella-dijo Joe, terminando su taza de café.
Marcaban las 5:50 cuando escuchamos el sonido de motores de autos acercándose al hotel. El Sargento Karlsson me escribió un mensaje pidiéndome que bajara con mi equipo, que tenía algunas cosas que debía entregarnos.
Ya en planta baja, nos abordó contundentemente y sin dilación.
-Tomen un chaleco y pónganselo-me dijo, estirando la mano para que yo la estrechara-¿Cómo se encuentra esta mañana, Sr. Félix? Creo que aún no me ha dicho su apellido.
-Castillo. Creo que estamos listos, Sargento-le contesté, dándole un apretón.
-Bien, hemos coordinado una incursión que se divide en dos etapas-describió el Sargento, mirándome directamente a los ojos. Me desconcertaba el tono eléctrico que tenían los suyos-La primera es una etapa discreta, dos escuadrones harán una aproximación lo más silenciosa posible por el lado oeste y sur del edificio, para hacer entrada y reconocimiento. La segunda etapa es la de extracción: Buscaremos a las rehenes, poniendo prioridad en la Srta. Arson y su hermana, intentando no tener que enfrentar abiertamente a los perpetradores.
Todo estaba muy claro. Asentí con la cabeza y nos deseé suerte a todos. En la Suburban que manejaba el Sargento Karlsson, se encontraban los equipos de grabación que dijo que nos prestaría el canal de noticias local, los revisamos para verificar que estuvieran funcionales y saber a ciencia cierta cuánto material podríamos capturar. Hecho el chequeo, subimos a la camioneta, y partimos a Bumpliz.
El pulso social de la ciudad, se mantenía, estaba en su estado regular; aunque la policía tomara previsiones y despejara tanto como fuera posible las áreas adyacentes al edificio en que íbamos a irrumpir, sin levantar sospechas. Tan pronto como alcanzamos la cuadra anterior al objetivo, bajamos de la camioneta y tomamos los equipos, mientras los miembros de la fuerza de choque que el Sargento Karlsson lideraba terminaban de afilar sus garras.
-Quédense detrás nuestro en todo momento, Sr. Félix. Mantengan una buena distancia y traten de grabar todo lo que puedan-pidió el Sargento, en un tono sobrio y demasiado amable, cosa que hacía mal contraste con todo lo que estaba pasando.
Todos asentimos con la cabeza. En silencio, el sargento hizo unas señas con las manos a sus hombres y empezaron a caminar despacio. Miré a Joe, y luego a Alba, y con una mueca del rostro, les pedí que me siguieran. Joe se encargó de manejar la cámara, mientras Alba llevaba el bolso con los aparatos de recepción, y se dispuso a manejar el micrófono boom.
Como pude, empecé a narrar lo que estaba sucediendo; expliqué detalladamente la situación y sus precedentes, al micrófono compacto. Me sudaban las manos, estaba intentando que no se notara que estaba asustado al hablar para esa audencia imaginaria en la que me debía enfocar para darle fluidez a mi discurso. Igual mi voz temblaba.
Entramos al edificio e inmediatamente, los hombres del Sargento Karlsson buscaron el acceso al sótano, por lo que comenzamos a descender.
Nos encontramos con un espacio hecho de concreto; cuatro paredes, algunos barriles de plástico, muchas cajas de cartón, plástico para envolver, lo esencial que se puede encontrar en un depósito. Karlsson ordenó a sus hombres revisar las paredes, a ver si encontraban algún tipo de switch o perilla de una puerta secreta.
En eso escuchamos la voz de un hombre, resonar desde el pasillo de la escalera que dirige hacia el sótano...
-Deténganse ahora mismo si quieren ver la luz del día en las próximas horas.
Era una voz ronca y precisa. Se escuchaba la marcha de varios individuos, que por lógica, venían bajando para encontrarnos y emboscarnos.
-Atentos, muchachos. Ubiquen sus objetivos y disparen a mi señal; absténganse de apretar el gatillo aunque los hostiles nos provoquen-indicó Karlsson en voz baja.
-No queremos bañar de masacre el depósito, ¿Verdad que no, Sargento?-dijo el hombre de voz ronca, con intención incisiva-Respeto su audacia, y por supuesto, lo bien preparados que están usted y su equipo, pero está mirando en el sitio equivocado.
Su aspecto era verdaderamente tenebroso. Pero no porque fuese igual que el de tu villano de película de acción canónico, de cara cortada, de barba a poco de haberse rasurado, de contextura gruesa y de mucha altura. Este tipo no era una torre de maldad por sus atributos físicos. Se veía como cualquier persona, alguien regular. Que se podría inmiscuir entre cualquier público, y vender personas a gente ebria de poder.
-Déjenme presentarme, para no parecer mal educado-murmuró, bajando las escaleras un poco más y encontrarse a nivel con nosotros-Mi nombre es Aleksei Peratzschik, pero mis amigos me llaman Alek. Seguro que tiene mi nombre entre sus registros, Sargento.
-Múltiples cargos de robo a mano armada, múltiples cargos de allanamiento e invasión de propiedad privada, tráfico de narcóticos en varios países miembros de la UE...-el Sargento hizo pausa, suspiró, chasqueó sus dientes-Una trayectoria amplia, y experticie para realizar sus negocios. Tiene su propio ejercito y ha logrado sobornar a una gran cantidad de políticos por venderles sexo a través de su red de trata. Eso lo ha mantenido lejos de los radares de la autoridad. Estamos delante de un verdadero mafioso. Algunos le conocen simplemente como "El Mercader".
-Esto puede tener uno de dos finales, Sargento...-comentó Aleksei, mientras se corría su sub-rifle hacia un lado, para sacar una caja de cigarrillos de su bolsillo, y una yesca. Entre aspiradas al pequeño bastón de tabaco, continuó-Sus hombres y usted bajan sus armas, y proceden a abandonar este edificio, junto con su equipo de periodistas, todos vuelven a sus vidas normales y se olvidan de nuestra pequeña operación; o nos enfrentamos y vemos quién tiene mejor puntería.
-Venimos por la Srta. Arson y todas las demás personas que has capturado en contra de su voluntad, Aleksei. ¡Ríndete ahora que estás a tiempo, antes de que arriben los equipos de respaldo y te veas acorralado!
-¿Quién sería tan estúpido para venir hasta acá sin una mínima idea de lo que les esperaba? ¿No les pareció sospechoso siquiera que no los enfrentamos mientras aún estaban fuera del edificio? ¿O que el edificio estuviera prácticamente vacío?-preguntó Aleksei, en ánimos de provocación-Me decepciona un poco, Sargento. Está representando muy mal a su precinto.
-¡¿Pueden parar ya?!-exclamé, ahogado en terror-Mire, Aleksei, Mercader, lo que sea... Ríndase, lo que está haciendo es verdaderamente horrible. ¿Cómo puede considerar tan poco la vida humana? Que quiera explotarla como lo ha hecho hasta ahora. ¿No entiende que no tiene escapatoria? ¿Que tarde o temprano, tendrá que caer?
-Vaya, tenemos a un moralista en el grupo. ¿Y tú, cómo te llamas, moreno?
-Félix. Félix Castillo.
-Muy bien, Sr. Castillo, lo felicito-dijo Aleksei, para luego reventar a carcajadas, aspirar más de su cigarro y aplaudir-Es usted muy valiente, Sr. Castillo. Puedo ver que está cansado, ¿Han sido días difíciles?
-No tienes ni idea, grandísimo hijo de perra-comenté entre dientes; podía sentir cómo empezaba a hervirme la sangre-Vine aquí por Jeanine, y no me iré sin ella.
Joe y Alba hiperventilaban, intentaban retroceder y buscar un lugar en el que pudiéramos ir a cubierta, en caso de que explotara la tensión.
-¡Manténgase atrás, Sr. Félix. No se involucre!-me pidió el Sargento, con gran preocupación.
-¡Al carajo con esto! No vine aquí a morir de manos de un delincuente glorificado. Aleksei, ¡Ríndase ya! ¡Este es el fin!
-¡Jajaja! Esto es verdaderamente increíble. ¿Un americano estúpido vino a decirme que mi negocio ha llegado a su fin? No sabes las cosas que están en juego, pequeño amigo.
-Señor, han llegado los refuerzos-dijo uno de los hombres de Karlsson, mientras se escuchaba en las radios el diálogo en sueco de otros miembros de la policía.
-Entonces estaba ganando tiempo. Muy bien, Sargento. ¡Pero esto no terminará como se lo ha imaginado!-en un ademán, Aleksei pasó de estar aspirando de su cigarro, cogió su rifle de nuevo, y corrió rápidamente detrás de una columna, para comenzar a disparar.
El Sargento y sus hombres no dieron tregua. El ruido de las metralladoras y rifles era ensordecedor. Después de todo, estábamos en un espacio aislado. Podía ver las balas rebotar. Joe y Alba se cubrieron, y tuve que decirles que se enfocaran para poder continuar grabando. Se escuchaban las balas atravesando los cuerpos de los hombres de Aleksei. Eran muchos.
A lo lejos se pudo escuchar...
-¡Muévanse, múevanse! ¡Entren ya!
Al llegar los refuerzos, fue como ver a una pinza cerrarse. Lograron neutralizar a los hombres restantes de manera inmediata. Aleksei finalmente se dió por vencido.
- ¿Dónde está la entrada al calabozo en donde encierras a todas esas personas que atrapaste, mal nacido?-rugió el Sargento Karlsson, tomando al Mercader por el cuello de la camisa-¡Habla ya!
-El switch está en la columna, del otro lado del sótano...-murmuró débil, tenía un disparo en el hombro y otro en el abdomen.
-Llévenselo de aquí, y asegúrense de que siga con vida. Queremos llevarlo a la corte para que lo procesen adecuadamente.
Otro de los hombres de Karlsson se apróximo a la columna que señaló Aleksei, buscó y dio con el switch. Una de las paredes se tumbó hacia adentro, y dejó ver una escalera que iba hacia abajo, mucho más hacia lo profundo.
-¡Alba! ¡Alba!-los gritos de Joe sonaban lamentosos, como que se estuviera ahogando de llanto-¡Alba, por favor! ¡No mueras, Alba!
-¡Llamen a una ambulancia!-exclamó el Sargento-¡Ahora mismo, llamen a una ambulancia!
Alba estaba perforada en el tórax. Uno de sus pulmones se llenaba rápidamente de sangre, por lo que se quedaría sin óxigeno pronto. Se sentía la dificultad en su respiración; un pequeño pitido acompaña sus inhalaciones.
-Alba, por favor... No mueras... No puedo regresar solo a Estados Unidos... Estamos juntos en esto, ¿No?-Joe sostenía a Alba en sus brazos y presionaba con fuerza su pecho para fomentar su presión arterial.
La ambulancia llegó y con ella, los paramédicos. Aún estando en el subterráneo, se oían fuerte las sirenas y a traseuntes alarmados. Bajaron rápidamente y al ver a Alba ya casi inconsciente, no tardaron en socorrerla. La montaron en una camilla y...
-¿Puedes continuar por tu cuenta, Félix? Debo estar con Alba-la preocupación de Joe era honesta. Hasta ese momento, habría creído que Joe consideraba a su compañera, sólo eso; alguien con quién compartía sólo una relación de trabajo. Pero miré sus ojos empapados de lágrimas, y decidí ser fuerte por él.
Nos dimos un abrazo. Joe partió con los paramédicos hasta la ambulancia. En el camino al hospital, comenzó a mensajearme.
"Puedes hacerlo".
"Nunca más vuelvas a dudar de ti, Félix".
"Gracias por darle sentido a todo esto".
"Cuidaré de Alba. Ve por Jeanine y tráenosla de vuelta. A su hermana también".
Karlsson, dos de sus hombres y yo, cámara en mano, empezamos a descender las escaleras del compartimiento secreto en el sótano, nos esperaba una puerta al final. Forzaron la cerradura usando explosivo compuesto. Una parte de mi sentía alivio de que ya todo estaba por terminar, pero al entrar al pasillo que seguía la puerta, y ver la interminable cantidad de celdas, en que yacían en condiciones lamentables personas, vivas o muertas, sólo pude sentir repudio y ganas de vomitar.
-¡Srta. Arson! ¡Por favor, díganos dónde está!-repitió el Sargento varias veces.
Comenzaron a escucharse golpes en la reja de una de las celdas. Grabé todo, aunque la luz era pobre. Seguimos el sonido de la reja...
Jeanine... Eres increíblemente valiente. De todo lo que aprendí, a partir de esta experiencia, eso es lo que destaca más para mi. Me invadían sentimientos de lástima, de culpa, de impotencia. Por no haberme involucrado más pronto, por nunca haberte contactado, a pesar de que moría de ganas de volver a hablar contigo y verte.
Encontrarte en el estado en que estabas: Desnutrida, desorientada, deshidratada, despojada... Es una imagen que no podré borrar de mi mente nunca. La policía hizo un esfuerzo inmenso, mucho de su personal tuvo que entrar al calabozo, para poder forzar las puertas de las celdas y sacarlas a ti, a tu hermana y al resto de personas de allí.
El proceso de tu recuperación se dio por etapas. Debíamos esperar a que estuvieras suficientemente sana y limpia para que pudieras abordar el avión que nos llevaría de vuelta a Estados Unidos. Antes de eso, tenían que llevarnos desde Bern a Zuric en auto. Por lo que nos esperaban largas horas de sólo estar sentados, e inmóviles. No podíamos irnos así no más.
Joe estuvo con Alba las dos semanas que le tardó a ella reponerse de las heridas que sufrió, hasta que le dieron de alta. Tu hermana estaba en un estado muy crítico. Parece que había sido abusada sexualmente varias veces, por lo que tuvieron que restaurar su útero a partir de un proceso muy delicado, y para el que le tomó al menos 7 semanas recuperarse de modo aceptable, antes de viajar. Su reposo continuaría en Estados Unidos, y tendría que ser atendida por personal terapéutico periódicamente.
Tu investigación y todos los datos que recolectaste, los entregué al Departamento de Policía de Bern y ellos se encargaron de hacerlo llegar al SIF. Uno a uno, los políticos que se vieron involucrados en la compra de servicios sexuales forzosos, fueron detenidos, en sus casas, en sus trabajos, todo hecho de una manera muy pública. Los medios internacionales se llenaron con esta historia. El nombre de Aleksei estaba por todos lados, también.
Ya que pudiéramos volver a Estados Unidos, Laurence nos recibió de brazos amplios y ojos enrojecidos. Quizá por no poder dormir o de tanto llorar. Cualquiera que fuera el caso, nos respaldó. Y fui muy claro con él...
-Esta historia, la reportaré yo. Sea que deba aparecer en la pantalla de CNN en una especie de reportaje especial o lo que sea... No dejaré que nadie más cuente lo que ocurrió, ¿Quedó claro?
No me reconocía. Laurence sólo asintió con la cabeza.
Las llevé a ti y a tu hermana a Raleigh, a casa de tus padres. La conmoción con que nos recibieron fue abrumadora; quería poder explicarles todo sin que se me hiciera un nudo en la garganta, pero fue imposible. Tu mamá lloró mucho. Y tu papá sintió pena al tener que explicarle a tu mamá del origen de tu hermana. Fue un poco bochornoso pero al final, ella sintió que no podía molestarse con él y que lo más importante era poder traerlas de vuelta a ti y a tu hermana.
Decidí quedarme en Raleigh un tiempo prudencial para acompañarles en su recuperación y también apoyar a tus padres en lo que les hiciera falta. Muchos medios me contactaron durante ese tiempo, para que diera entrevistas a distancia. El Sargento Karlsson se puso en contacto conmigo para avisarme que se había creado un fondo en Suiza para apoyar económicamente a los sobrevivientes del círculo de Aleksei. Envió un correo con instrucciones para que pudiéramos acceder a ese dinero, y vaya que era una cantidad impresionante.
Pasaron los meses. Y poco a poco, conseguimos reavivar la chispa en ti, y comenzaste a conversar.
Te conseguí mirando por la ventana de tu cuarto, hacia la calle, te traía galletas y un vaso de agua.
-¿Cómo te sientes?
-Aún me arde el estómago. Aún siento que una parte de mi, se quedó en ese calabozo.
-¿Crees que va a pasar mucho tiempo hasta que esa parte de ti vuelva?
-Hm. No lo sé. Quizá sea mejor que no lo haga. No quiero ser la misma persona que fui...
-¿A qué te refieres? Jeanine, siempre serás la misma persona increíble, preparada, profesional, fuerte, valiente...
-No, Félix. No quiero ser fuerte ni valiente, más de lo que debo ser vulnerable y frágil, ¿Entiendes? La Jeanine que todos admiraban y que todos querían emular, desapareció, murió.
-¿Entonces que te queda por hacer? ¿No crees que haya un destino para la nueva Jeanine?
-Probablemente lo hay. Quiero darme un tiempo antes de averiguarlo.
Toc-toc-toc, sonó la puerta. Era tu hermana, entró a tu cuarto buscando un abrazo.
-¡Katie! ¿Cómo estás, preciosa?-le dijiste en un tono dulce y cálido-Ven, abrázame.
-Hola, Katie, ¿Cómo te sientes?
-Tengo ganas de comer waffles, huevo y tocino-dijo tu hermana, mirándome con una mueca sarcástica y risueña-¡Félix!
-¡Katie! Jajaja, significa que siempre que tengas antojo de waffles, huevo y tocino, ¿Tendré que ir a cocinarlos?
-Sí, hmph. Es tu deber, debes cuidar de Jeanine y de mí.
-A sus ordenes, mi señora-hice una reverencia y comenzamos todos a reír-¡Alguien que termine este reinado de maldad!
Pasaron unos meses más y finalmente, estábamos listos para llevar la historia en íntimo, a CNN. Laurence reunió a un grupo de productores y prepararon uno de los estudios de forma especial, con paneles y pantallas desde la que pudiéramos proyectar las imágenes que fueran competentes. Quizá lo que menos imaginé de todo esto que ocurrió, es que estaría en televisión internacional, controlando la narrativa.
-Buenas noches, queridos televidentes. Bienvenidos a este reportaje especial de CNN sobre los sucesos acontecidos en Suiza el pasado mes de Septiembre, relacionados al circulo de trata de personas dirigido por el ya aprehendido Aleksei Peratzschik-respiré profundo, tomé un momento y miré hacia otra cámara-Mi nombre es Félix Castillo y antes de continuar, les pedimos que vean este reportaje bajo su propia discresión, ya que abarca información que puede afectar sus sensibilidades.
Laurence me hablaba al auricular en mi oído.
-Lo estás haciendo bien, chico, sigue adelante.
-Queremos contarle de todos los detalles acerca de estos eventos, y mostrarles la información que CNN recolectó de manera exclusiva. Pero antes de eso, realizaremos una entrevista a una de las sobrevivientes de la explotación de este nefasto grupo. Se trata de una de nuestras reporteras, reconocida por su gran trayectoria y talento para la investigación periodistica: Jeanine Arson.
-¿Qué tal, Félix? Un gusto estar aquí para conversar contigo-dijiste en tono apacible y sobrio.
-Por favor, Jeanine, cuéntanos: ¿Cuál consideras que fue el elemento determinante que te llevó a realizar esta investigación, que te hizo involucrarte tanto?
-Primeramente, y antes de responder tu pregunta, quiero dar las gracias a todas las personas que han mostrado su apoyo, tanto para mi, como para mi familia, y Katie, todas las redes de caridad, que nos tendieron una mano y nos proporcionaron medicinas y ayuda terapéutica; en verdad que eso ha sido muy importante para mi, y para mi pequeña hermana, también. Gracias a todos, en verdad.
-Estoy seguro que estos han sido tiempos muy emocionales para ti.
-Sí, así es. Lo que tuve que enfrentar no fue para nada fácil. Y no hablo sólo por mi, sino por todas las mujeres y hombres también, que tuvieron la mala fortuna de atravesar por lo mismo que yo-estiraste tu blazer y acomodaste tu postura-Para responder tu pregunta: Comencé esta investigación porque quise hacer llover luz sobre este tema tan tabú que es la prostitución forzosa de mujeres y la trata de personas.
-Y ya que corriste la cortina, encontraste algo mucho más profundo...
-Así es. No se trataba simplemente de un entramado criminal de los que se pueden encontrar en cualquier país; no se trataba siquiera de 'prostitución forzosa' y nada más.
La entrevista transcurrió naturalmente. Hablamos por al menos dos horas y poco a poco, entre los dos, fuimos desenredando la maraña de increíbles sucesos que tuviste que vivir en carne propia. Estar al centro y al frente de semejante labor, me parecía impresionante, según mis propios estándares personales. Pero así como 'la antigua Jeanine', murió en los calabozos de Aleksei, también lo hizo mi antiguo yo.
Y aunque Alba y Joe descubrieron que guardaban entre ellos, sentimientos románticos muy profundos, y decidieron al poco tiempo de volver de Suiza, mudarse juntos y casarse...
Yo quise esperar un poco más.
Porque aún cuando mereces todo el amor que tengo para ofrecerte, y que gracias a ti, me convertí en un mejor periodista, un mejor hombre... Y aunque sé que tú también me amas, que me necesitas cerca, porque me lo has dicho...
Hay veces en que no se puede actuar en razón de ciertos sentimientos. Y si debíamos estar juntos, no era este el momento. Porque debías sanar un poco más.
Aunque se siente como que el precio que tuve que pagar para lograr todo esto, fue abrir una vieja herida...
Aún considero que puedo esperar por ti. A que vuelvas. O que te transformes.
Porque siempre, siempre voy a amarte, Jeanine. Y tú lo sabes.
FIN
Comentarios