Viviendo al margen
Quiero poder describir con facilidad lo que distrae a mi cuerpo de poder realizar sus ciclos normales pero me cuesta porque finalmente, no encuentro un modo de conectar las aristas y que se hagan más legibles las razones.
Es decir... Sé que no estoy bien pero no me siento del todo como que me estoy viniendo abajo. Me siento cuerdo y no se me han hecho nudos en la garganta. No estoy atragantado con la verdad, ni mucho menos con sentimientos que quiera poner al frente, inmediatamente.
Es extraño porque, aunque me encuentro dándole muchas vueltas a esta idea romántica imposible, no es como que me aflijo. No es como que me duele, que sea tan pero tan lejana, la posibilidad de vivir en una realidad tan gratificante.
Pero si les soy honesto, me he imaginado e incluso, resignado muchas veces a que pasaré el resto de mi vida por mi cuenta.
Por no decir que me la pasaré solo, porque la compañía siempre llega. No es la posibilidad de vivir en soledad, la que me perturba. La soledad siempre está aquí, ¿No? A pesar de que me rodean personas, ese sentimiento no desaparece, porque finalmente, en esos momentos en que uno guarda silencio, que piensa para sí, que se cuenta a sí mismo lo que desea, lo que espera de la vida; esos momentos son sumamente íntimos, del propio ser. Suceden en la soledad propia. Y no hay nada qué hacer.
No hay nada qué hacer, sólo entender que ello es normal.
Esas veces que me halle por la calle, pensativo... Envuelto en mi letargo, me mirarán las personas quizá con recelo, quizá con curiosidad, y dirán que estoy loco, porque me veo feliz y triste al mismo tiempo. Que el rango de mis emociones es tan amplio que no parezco de este mundo, y los comprenderé, porque es esa idea, precisamente, la que sirve como base para uno aislarse profundamente.
Y aún así, aislado, ¿Podrás quererme? ¿Podrías quererte, si te pasara?
Sigue siendo difícil, ¿Lo notas? No me salen las palabras, así como quisiera. Este mensaje no va a plasmar del todo lo que me gustaría que te llevaras, para que reflexiones.
Estoy lidiando, creo yo, con un conjunto de pulsos que llegan con la edad. Me pasa por tonto y por querer profundizar en todo.
¿Qué es un hombre sin nada que pueda proteger? ¿Qué es un hombre sin nadie a quién proveer?
Antes me preguntaba simplemente cómo podía realizarme como hombre, y ahora que lo sé, veo que carezco de las cosas que se necesitan para ello, y por eso me pregunto: ¿Hacia dónde dirijo mi propósito inherente?
Ha de ser por eso que persiste esa sensación de estar como perdido, como en un limbo.
Será biológica, la razón que sustenta el sentimiento de no estar haciendo lo suficiente, o de no tener los medios para dar sentido a esa filosofía.
No se trata de la negligencia de una persona y que la dirige hacia mi. Se trata de mi convicción de querer estar completo, que entra en conflicto con la obsesión de mantenerme por siempre al margen, y existir detrás de esa línea limítrofe, como Loki.
Qué figura masculina tan abstracta. Queriendo un complemento perfecto pero seguro de que no tendré ninguno porque la persona correcta está conmigo a destiempo.
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